¿GOLPISTA?,
¿REFUNDACIÓN?
A propósito de la marcha y
concentración en defensa del sistema democrático, que han convocado para el día
de mañana, jueves 23 de Mayo, las organizaciones sociales.
Antecedente necesario
Hace siete meses, el país se
veía sorprendido por la huelga general de suboficiales, clases y policías, la
misma que contaba con el respaldo de sus esposas, de quienes sus
dirigentes se habían declarado en huelga de hambre.
En respuesta a la protesta
policial, los movimientos sociales identificados con el Proceso de Cambio,
convocaron a una gran concentración en apoyo al Presidente y en defensa de la
democracia, lo que sucedió el 12 de Octubre de 2012 en Plaza Gualberto
Villarroel de la ciudad de La Paz.
En esa ocasión, el
Presidente Evo Morales anunció la realización de una Cumbre Social, pidiendo la
participación de todas las organizaciones sociales y en especial de la Central
Obrera Boliviana (COB), a la que convocó a encargarse de la co-organización del
evento.
Hechos que nunca fueron
debidamente explicados, precipitaron al poco tiempo la realización de la Cumbre
Social, pero donde la COB no estuvo presente ni en la organización, ni en las
deliberaciones, lo que sirvió para que en plena inauguración de la Cumbre
Social en Cochabamba, sean los empresarios del país los que tomaran la
iniciativa de proponer la alianza indígena-empresarial.
En su momento ya había
señalado que esto constituía un serio riesgo respecto al rumbo que estaba
tomando el Proceso de Cambio.
Evo y la COB
Los párrafos anteriores
sirven para hacer una breve rememoración de algunos hechos, pero también y
esencialmente, para demostrar que el Presidente Evo Morales Ayma, hace siete
meses estaba plena y lúcidamente consciente de la importancia de incorporar a
la clase trabajadora del país en la conducción del Proceso de Cambio.
Esa decisión no era casual,
la COB había dado muestras sobradas en más de un sexenio de existencia, de
estar en la defensa de la democracia, las luchas por las conquistas sociales y
expresar –como no sucede en otros países-, la dirección sindical unitaria de
los trabajadores en las áreas dispersas y concentradas del país.
Hoy, a siete meses de esos
sucesos, la COB está al frente de una nueva movilización social –no ingresaré a
comentar el petitorio, porque ya me referí al mismo en una oportunidad anterior
al señalar que no podían haber privilegios ni para los guardatojos ni para la
bota militar en la calificación de rentas-, sin embargo, ha llamado la atención
que algunos portavoces desde la vereda del oficialismo hayan señalado que
detrás de esta movilización está un afán conspirativo y golpista de la COB. Algunas
de esas acusaciones identificaron dirigentes sindicales llamando al
amotinamiento en la institución policial, otros que habían lanzado consignas
racistas y de desconocimiento del orden, así como algunos dirigentes
tildados en el pasado de paramilitares y otras denuncias más.
No dudo que ha habido y han
de seguir habiendo dirigentes sindicales cuyas consignas son las de la
violencia y el caos, sin considerar ninguna consecuencia y con absoluta
irresponsabilidad, lo que no merece otra cosa que nuestro mayor desprecio,
porque no dudan en dejar a la niñez sin escuela, poner en riesgo el aparato
productivo minero estatal y generando escenarios de violencia e incertidumbre,
pero una cosa es identificar esos casos particulares y otra muy
distinta señalar que la COB estaría en afanes golpistas.
De todas las expresiones que
al calor de los acontecimientos se han dado, sin embargo, la expresión que
más ha llamado mi atención, ha sido la que algunos dirigentes de las
organizaciones sociales han esgrimido amenazantemente al indicar que se debe
refundar la Central Obrera Boliviana, como si se pudiera tirar al basurero toda
una historia de luchas y sacrificios de miles y miles de dirigentes y
trabajadores bolivianos en la construcción y defensa intransigente del
sindicalismo boliviano.
Hay quienes confunden al
enemigo en uno y otro lado, y esto sucede tanto entre dirigentes sindicales del
cobismo como desde las organizaciones sociales prooficialistas, que imaginan
afiebradamente estar librando la gran batalla dirimitoria de la patria y la
antipatria, del socialismo y el capitalismo, del pueblo y los enemigos del
pueblo, de Bolivia y la antibolivia. Nada más errado, el pueblo es el mismo,
las caras y los caros anhelos de una sociedad distinta están entre quienes
marchan de una y otra vereda, son sólo algunas dirigencias que andan
despistadas y se han perdido en el enceguecimiento de sus sectarismos.
Por todo lo anterior, en
este artículo debo reiterar que para la entidad matriz de las trabajadoras y
trabajadores del país, va todo mi respeto y mi mayor consideración personal,
esperando sinceramente que nuestra gloriosa Central Obrera Boliviana tenga
pronto el lugar preeminente que merece en la dirección y profundización del
Proceso de Cambio, tal como ya lo había advertido públicamente Evo Morales
Ayma, hace poco más de siete meses.
La
Paz, 22 de Mayo de 2013.

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